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Mario Casas: el Di Caprio español que retiró al chico playboy

Mario Casas: el Di Caprio español que retiró al chico playboy

  • Nunca es tarde para hablar de Mario Casas

Cuando veía la gala de la 35 edición de los premios Goya no pude evitar recordar aquella campaña que en 2016 acompañó la entrega del Oscar a Leonardo DiCaprio por su actuación en The Revenant (2015). Usuarios en redes sociales y algunos medios de comunicación se hacían eco de un pedido a modo de broma que se hizo viral: #UnOscarParaLeonardoDiCaprio. Era una llamada de atención a la Academia, por supuesto.

Ver a José Coronado descubrir quién era el galardonado como mejor actor protagonista, tenía ese punto de gracia y justicia poética, al estilo de #UnGoyaParaMarioCasas. Hablamos de un actor tan querido y a la vez tan vejado de ciertos reconocimientos del gremio cinematográfico español.

Mario Casas ha ganado un Goya. Estas parecen las palabras de un conjuro capaz de hacer desaparecer la imagen de playboy ibérico que el público y productores cinematográficos tenían del actor gallego, desde su inicio por los caminos del cine.

A sus 34 años, Casas ganó el Goya al Mejor Actor protagonista por su trabajo en el thriller trepidante No matarás (2020), de David Victori. De esa manera se impuso sobre sus compañeros, Javier Cámara, Ernesto Alterio y David Verdaguer, en una categoría que no estaba -para nada- reñida.

Si bien “La gallina turuleta” fue la única cinta nominada –y por tanto, vencedora- en el apartado de animación, Mario Casas pudo ser el único preseleccionado para la estatuilla en su categoría. Pero era necesario darle un poco de suspenso a la gala.

El joven actor ha coronado sus quince años de carrera interpretando a David, un joven bueno y tranquilo, cuyo destino soñado cambia súbitamente, a raíz de una coincidencia fatal. Este trabajo le ha valido la gloria, apenas con su primera nominación a los premios que entrega la Academia de Cine de España.

«La primera en la frente», es una certeza que nos acompaña a muchos espectadores. Para otros, compañeros de profesión y directores que han guiado el trabajo del artista, la Academia tardó varios años e ignoró algunas interpretaciones bien resueltas y merecedoras, al menos de alguna nominación.

Los inicios de Mario Casas en el séptimo arte se remontan a 2006 cuando integró el reparto de El camino de los ingleses, bajo la dirección del malagueño Antonio Banderas. Pronto vendría el fenómeno del chico rudo y sexy conquistador de mujeres, ese Mario Casas que todos fijamos en la mente producto de películas como Fuga de Cerebros (2009), Tres metros sobre el cielo (2010), la secuela Tengo ganas de ti (2012) y alguna otra que ciertas jóvenes no olvidan con facilidad.

Del rodaje de Tres metros sobre el cielo, salió una relación entre Mario Casas y María Valverde, que fue un ícono para miles de fanáticos en España

Sin que lo pretendiese, o al menos es lo que ha contado a la prensa, creó una imagen de conquistador promiscuo alejada de la realidad. Este perfil de joven gloria, al más puro estilo de un Justin Bierber o los One Direction, con el tiempo se convertiría en un obstáculo para una posible carrera “seria” en el cine. Era necesario soltar lastre y buscar nuevos derroteros.

Entonces, llegó Grupo 7 (2012), donde empezamos a ver al gallego asumir personajes con psicologías más complejas, un tanto alejadas del estereotipo playboy. Otros títulos como Las brujas de Zugarramendi (2013), La mula (2013) y un rotundo éxito de taquilla como Palmeras en la Nieve (2015), completarían el despegue del artista hacia una faceta más completa, caracterizada por el rigor y el método.

Llega 2012 con Contratiempo, de Oriol Pascual, donde ya da gusto disfrutar de la interpretación de Mario Casas. Comienza ese diálogo entre actor y espectador, donde el primero invita al segundo a detenerse y reflexionar con la experiencia vivencial del personaje. Es creíble y ya existe necesidad de preguntarse « ¿con qué nos va a sorprender en la siguiente entrega?».

Con Bajo la piel del lobo (2018) –un Revenant ibérico-, El fotógrafo de Mauthausen (2018) y Adiós (2019) se produjo una consolidación que francamente era capaz de empatizar con el espectador más receloso. Junto a ello, el reconocimiento en certámenes como el Festival de Málaga o los Premios Feroz de la Asociación de Informadores Cinematográficos de España.

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El año de la pandemia, paradójicamente ha sido la puerta dorada a la consagración artística de Mario Casas y es que tres producciones envolventes nos muestran generosos matices interpretativos. Hogar sería lo más perecido al verdadero Mario Casas que podríamos encontrar en 2020, muy distinto a ese psicópata con pronunciadas entradas y en silla de ruedas de El Practicante. Por último, la guinda: No matarás.

Mario ni siquiera pensó en ganar un Goya con semejante interpretación, sin embargo decidió lanzarse a experiencias introspectivamente intensas, violentas y con una carga simbólica endiablada, incluso rocambolesca, que raya lo irreal. Pero el ritmo de la película así lo exige y da igual el grado de realidades que intervengan en el diálogo actor-espectador, pues Mario Casas nos quiere vender la experiencia

Es una película que no exige al público que se posicione en la postura del antihéroe. Se trata de observar el proceso y lo que ocurre con un individuo cuando la sociedad lo lleva al límite. Mario Casas carga con ese peso sobre su actuación, a través de cada uno de los planos secuencia, de más de media hora, a los que fue sometido durante el rodaje.

Es una intensidad muy característica del actor. Él logra agarrarnos de la mano y nos sumerge en una película incómoda, pero intrigante. Sería demasiado aventurado afirmar que estamos en presencia de la mejor interpretación de su carrera, pero a lo largo de una treintena de filmes, esta es una de las mejores y ese Goya da fe de ello. Mientras tanto, me sigo preguntando qué será lo próximo que nos traiga Mario Casas.

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